Catedral de sal de Zipaquirá : Única en el mundo a 180 metros bajo tierra

La Cruz en piedra salina más grande del mundo

En 1930 el fervor religioso de los mineros de la sal en Zipaquirá, los llevó a construir una pequeña  capilla en uno de los túneles de la mina, para orar y encomendar sus vidas a Dios, antes de enfrentarse a los riesgos que conlleva el trabajo en las entrañas de la tierra.

Ese pequeño gesto de fe cristiana se convertiría, 65 años después, en una de las maravillas arquitectónicas de la modernidad y  en el único templo religioso del mundo construido a más de 180 metros bajo tierra, con capacidad para albergar hasta 10.000 personas en sus distintas dependencias.

Tantos años de trabajo, tantas toneladas de sal removidas y tanto esfuerzo se justifican en el resultado final…Una imponente obra de 8.550 metros cuadrados de construcción en los que han sido perfectamente dispuestas, impresionantes esculturas talladas íntegramente, no lo olviden, en roca salina.

Todas ellas repartidas a lo largo de un recorrido de 386 metros de longitud, en el que se rememoran 14 momentos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, en una puesta en escena  en la que la luz magnifica la belleza y el sobrecogimiento de cada uno de estos pasajes del Viacrucis.

Ésta, que es la primera parte del recorrido, condiciona la visita a una experiencia de sensaciones intensas potenciadas con el impacto emocional que sufrimos algunos al saber que lo presenciamos, tampoco lo olviden, en las mismas entrañas de la tierra.

Diseñada por el arquitecto colombiano Roswell Garavito Pearl, la Catedral de Sal de Zipaquirá, se localiza al norte de Bogotá, Colombia, en el interior de una mina de sal cuya explotación desde 1801, era el sustento para los residentes de la zona.

La obra alcanza una superficie de diez hectáreas divididas en tres secciones. Un primer nivel en la parte superior del que hace parte el largo túnel de 386 metros, por el que se llega a tres naves de 80 metros de longitud  que constituyen la parte central de la obra y donde emerge la cruz tallada en roca salina más grande del mundo.

Para mí esta parte central es la más hermosa de la obra no sólo por las dimensiones y la iluminación de la cruz, una escultura de 16 por 8 metros que se puede admirar desde muchos puntos del recorrido, sino porque aquí también se esculpió una escultura llamada La Creación, que recuerda a Miguel Ángel y la Capilla Sixtina, según dicen quienes la conocen.

En la nave principal, donde se encuentra la imponente cruz, además de oficios religiosos se celebran conciertos de música clásica de los que dicen quienes han asistido, los acordes musicales se perciben en una perfecta armonía e intensidad por la acústica natural del lugar.

Este hecho me hizo evocar los recuerdos de dos lugares similares donde también se realizan este tipo de conciertos, como son Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes, ambos en Lanzarote, al suroeste de la península española, igualmente impresionantes por estar bajo la tierra, aunque a menos profundidad que nuestra Catedral de Sal.

Volviendo a nuestra experiencia en la Catedral de Sal de Zipaquirá, otro punto digno de mencionar, también por la sensación de plenitud que se experimenta, es la gran cúpula cuyas dimensiones alcanza los 11 metros de alto y 8 de diámetro y que simboliza la unión entre la tierra y el cielo.

Su espectacular iluminación da la sensación que estuviésemos observando al mismísimo firmamento, desde la profundidad de la tierra envolviendonos en un misticismo que sobrecoge.

Creo necesario precisar que la fe cristiana que dio origen a la construcción de esta obra, no limita las visitas a personas con dicha corriente religiosa, ya que durante el año acuden a conocerla más de 600.000 turistas de 145 países y su recorrido por sus extraordinarios escenarios produce tal emoción y admiración, que no chocan con ninguna condición cristiana, atea o agnóstico, a la que pertenezca el visitante

En mi caso confieso que superó mi fervor cristiano, por que pasé de una sensación de paz y recogimiento religioso, a un goce de orgullo colombiano e incluso arrogancia patriótica, al escuchar los comentarios de admiración expresados por los visitantes extranjeros que ese día coincidieron en la visita conmigo.

Confieso además, mi arrepentimiento por no haber realizado esta visita años atrás e incluso anteponer la decisión de conocer otros lugares fuera del país, antes de este y otros que existen en Colombia, que impresionan por su majestuosidad y belleza.

La Catedral de Sal de Zipaquirá es sin lugar a dudas una de las maravillas colombianas de obligatoria visita y si se está en Bogotá acceder a ella es muy fácil porque sólo está a 29 kilómetros de la ciudad, y porque esa distancia se puede recorrer en el Tren de la Sabana y disfrutar del verde y acogedor paisaje que envuelve prácticamente a todo el territorio colombiano.

Para aquellos que aún tienen alguna prevención para visitar Colombia, es mi deber advertirles que sigue existiendo un riesgo muy grande… El riesgo que le guste.

2 comentarios en “Catedral de sal de Zipaquirá : Única en el mundo a 180 metros bajo tierra

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