Los buenos entre rejas y los malos en la calle

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Foto de Juan Carlos Rueda Gómes, bacan intelectual, Editor responsable de Estamos en Movimiento, publicada por él mismo en su muro de Facebook como protesta a la inseguridad que se vive actualmente en Barranquilla

Hace apenas seis meses, cuando se le preguntaba a Ricardo Asunción que era para él la muerte, la definía como “esa delgada línea que nos separa de la vida”. Era una frase que le había escuchado a alguien y él repetía con sorna, porque era tal su desinterés por la parca, que consideraba una pérdida de tiempo hablar de ella, ya que para él la muerte, era simplemente la etapa final de la vida.

– Y aún me faltan muchos años para preocuparme ahora por ella. – Decía.

En ese entonces su sencilla convicción se fundamentaba, como el de otras muchas personas, en la tranquilidad que da el ver a la muerte, como una consecuencia natural de la misma existencia.

Ya no piensa así. Alguien amparado en la cobardía del anonimato, le ha hecho saber de que existen personas que se atribuyen el poder de transgredir el orden natural de la vida, y hacer que la muerte te llegue donde y cuando ellos decidan.

Ricardo es desde hace seis meses uno más del indeterminado número de residentes en Barranquilla que han sido amenazados por defender sus convicciones, denunciar la corrupción, luchar por sus ideales o simplemente por expresar su opinióncerramiento_de_hierro_con_ornamentaciones_para_porche_de_vivienda_baja_en_gipuzkoa

Su nombre se ha sumado a la lista de periodistas, sindicalistas, docentes, comerciantes, políticos y hasta la de vecinos que tienen los ahorros de toda la vida en el banco y reciben la llamada de un desconocido que se los reclama, identificándose como miembro de una de las bandas de delincuentes con nombres estrambóticos que se han asentado en la ciudad.

No pude precisar el número de personas que han sido amenazadas, ni cuantas las asesinadas, así como tampoco la cifra de atracos, robos, extorsiones, ni ninguna otra estadística oficial sobre la inseguridad en Barranquilla para presentárselas en esta entrada, y les confieso que no me importó, porque estoy seguro que los números no me impresionaran más, que lo que me ha impresionado la sensación de indefensión que embarga a muchos residentes tanto del sur como del norte de la ciudad.

Ricardo Asunción es solo uno de los que se han atrevido a denunciar las amenazas contra su vida, pero la realidad es que todos nos sentimos de alguna manera amenazados por la inseguridad de la ciudad y nuestro miedo se evidencia en lo solitarias que quedan las calles después de las diez de la noche y en el temor de los conductores nocturnos que han adoptado como su principal medida de seguridad, la descabellada decisión de no detenerse ante la luz roja de los semáforos.

cerramiento-hogarLo peor de todo es que muchos se están acostumbrando a convivir con esa inseguridad y optan por inventarse sus propias medidas de protección aunque con ellas, igualmente coloquen en riesgo la vida.

Cosas tan elementales como hablar por el teléfono móvil en lugares públicos se constituyen también en un riesgo, si usas un celular de última generación, porque te expones a que te atraquen para despojarte de el.
Hay miedo hasta para recibir una llamada de un número desconocido porque puede tratarse de un miembro de las bandas de delincuentes que  llama para extorsionarte.

Reunirse con los amigos y tomarse unas cervezas escuchando música en la terraza de tu casa hasta la madrugada, es ahora un placer muy poco recomendable, porque también es exponerse a ser atracado.

Entre rejas       original_cerramiento_01                                         

No exageramos al decir que un elevado número de ciudadanos ya no se sienten protegidos ni dentro de sus propias casas, y han aumentado las medidas de seguridad en ellas, mediante la instalación de alarmas y la contratación de personal para la vigilancia privada.

Pero es quizás en el enrejado del frente de las casas donde más se evidencia el miedo colectivo que se cierne sobre la ciudad. En los últimos tiempos se ha incrementado su instalación incluso en sectores en los que sus residentes no tenían posibilidades de este tipo de protección.

Si bien es cierto que el cerramiento de los frentes de las casa ha existido en la historia arquitectónica de la ciudad,  es evidente que la justificación para su instalación no es la misma.

Desde hace años dejaron de instalarse para impedir que el perro del vecino se cagara en tu jardín, o como un complemento decorativo de la vivienda. Hoy son un elemento de seguridad indispensable, una barrera de más de dos metros y medio de altura, con barrotes y refuerzos resistentes, que hacen parecer a las viviendas como autenticas cárceles urbanas, con la cruel paradoja de ser los buenos quienes están entre rejas, mientras los malos gozan de libertad en las calles.

Lo peor es que por muy alta que sean las rejas y resistentes los barrotes, no impiden que un delincuente provisto de un arma de fuego consiga el objetivo de atracar o asesinar desde la calle a quien esté al otro lado de la reja, como ya ha ocurrido en muchas ocasiones en diferentes barrios de la ciudad.

La sensación de indefensión que se vive en Barranquilla deja en evidencia la ineficacia de los organismo de seguridad, la inoperancia de la Policía y sobre todo el alto índice de impunidad que limita, e incluso cercena cualquier intención de colaboración de la ciudadanía para con las autoridades.

Poca mención hago en estas reflexiones de los organismos de seguridad y  gobernantes, como pocas han sido las soluciones que estos han implementado para frenar la inseguridad que agobian a los barranquilleros.

12969657811642972091-hermosa-casa-moderna-olaya-olaya1298587862No pretendemos que en estos tiempos y con el crecimiento de la población que ha registrado Barranquilla, volvamos a la utopía de ser “el remanso de paz” que se nos consideraba hace años, pero sí reclamamos el derecho a esperar, como lo hacía Ricardo Asunción, que la parca, salvo accidente o designio del destino, nos visite en nuestra vejez y ojala la podamos recibir con un buen trago, sentado en una mecedora en la terraza de casa y rodeado de nuestros seres queridos, no de rejas ni medidas de seguridad.

Alfonso Ricaurte Miranda

Un comentario en “Los buenos entre rejas y los malos en la calle

  1. La verdad como muy bien lo dice el relato de Alfonso Ricaurte M., Barranquilla se ha convertido en uno de los peores vivideros, después de ser “el mejor vividero del mundo.” Me atrevo a afirmar que gran parte de esa inseguridad se debe a la cantidad de compatriotas que a través de los años se han venido desplazando a ciudades de la costa. Y tenemos por caso a Soledad que ha incrementado su población habitacional; tan es así que tiene más habitantes que la ciudad de Santa Marta. La falta de trabajo, la de no tener dinero para la educación de sus hijos, el hambre y otras necesidades fisiológicas mínimas y elementales han formado una banda de forajidos y malhechores, y no digamos que todos pero si un buen porcentaje del personal desplazado a Soledad, que han venido “trabajando” en todas sus formas en la ciudad de Barranqulla. Y faltaría averiguar a Galapa, Malambo, Sabanagrande, Puerto Colombia que conforman la zona periférica de la ciudad. En fin las autoridades con el Alcalde a la cabeza tiene la manera de poner el orden y que los ciudadanos nos sintamos seguros en Barranquilla.

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