Un cierre en un Departamento de cobros

De mi serie Periodismo Empresarial

Quienes conocen el oficio coincidirán conmigo cuando digo que los Gestores de Cobro están hechos de otra “pasta”. Incluso estoy seguro que si analizaran su ADN se descubriría que sus genes están estructurados de una manera diferente  a la de cualquier mortal que se dedica a una actividad diferente a la de recuperación de cartera.

Es más, si se realizará un estudio sicológico se comprobaría que su psiquis  tiene una capacidad de aguante, de resistencia, superior a la normal.

Esa es la única razón que explicaría el por qué al concluir un día de cierre de mes, no terminan con una úlcera estomacal, un ataque de nervios o literalmente desquiciados, aunque para algunos suene exagerado.

Un día de cierre de cobro, explico esto para quienes no lo conocen ni lo viven como lo viven los gestores de cobros, es como una olla express donde se cuecen una diversidad de emociones y sensaciones ligadas a la necesidad y al propósito de que al terminar la jornada, se haya alcanzado el objetivo individual de cobro que le exige la empresa para poder tener derecho a un incentivo económico, un sobre sueldo en el que han fijado todos sus esfuerzos durante todos los días del mes.

Foto adn gestores de cobros (2)

Diseño: A. Torres Rivero

Es el colofón a todo un mes llamando una y otra vez aquellos que por alguna razón se han retrasado en sus pagos y que en muchos casos el no poder cumplir con el reclamo que les hace el gestor de cobro con sus llamadas, lo lleva a responder de mala forma o incluso con insultos.

Es una actividad con un estrés que crece en la medida que se acerca el fin de mes y se aleja la posibilidad de alcanzar el objetivo exigido, bien porque la cartera que les tocó cobrar ese mes cuenta en su mayoría con clientes como el descrito arriba o como aquellos que no insultan pero recurren a la mentira para evadir el pago, como la de argumentar un imprevisto doloroso como la muerte de un familiar, que ya han utilizado en los meses anteriores, pero habían olvidado que ya lo había utilizado.

El día de cierre para quienes no han llegado a su objetivo pero tienen la posibilidad de conseguirlo ese día, ese estrés comienza a cocerse desde la noche anterior y pasa factura desde las primeras horas de la mañana, porque los gestores de cobro llegan con la sensibilidad a flor de piel y los nervios a tiro de escopeta y nada que no sea cobrar los que les falta les interesa eses día.

Pero cuando el esfuerzo, la intensidad y la suerte comienzan a dar sus resultados y consiguen cobrar los que les faltaba para conseguir el objetivo, los nervios se relajan y aflora entonces en ellos una solidaridad tan férrea como la mala leche que tenían antes de alcanzar sus objetivos y se vuelvan a colaborarle a los compañeros que no han conseguido aun su objetivo.

Pedí a una gestora de cobros que me describiera lo que experimentaba ella durante un día de cierre y ella mirándome a los ojos me respondió.

  • Te contestó sino revelas mi nombre.
  • Me comprometo. – Contesté con la experiencia del periodista que huele que se está ante una respuesta explosiva porque conoce a la entrevistada.
  • A mí los días de cierre me ponen.-
  • Te ponen, del “te ponen” que percibo en tu expresión, – repetí entusiasmado con la respuesta,
  • Si, – dijo con tranquilidad y agregó, – Para quienes nos dedicamos a la recuperación de cartera, conseguir el objetivo el día del cierre, es como el clímax en una relación, explotamos de satisfacción cuando lo consigues.

Me cuesta en este momento mencionar o imaginar otro trabajo que pueda tener tal connotación sexual como la descrita por la gestora, pero tengo que decir que por un final de día como ese, vale la pena soportar tantas tensiones para conseguirlo.

Yo me esfuerzo también muchísimo a lo largo de cada línea de mis escritos, e intentó que los cierres del mismo tengan un final feliz, pero he de confesar que lamentablemente no todas las veces lo consigo.

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