V- Mentiras

Imagen: La Revista | EL UNIVERSO

Pese al respirador artificial que marcaba su obligada respiración, Fabian Montero parecía descansar en su cama del primer piso del Hospital.

Su habitación tenía una amplia ventana que daba a un jardín interno, donde todas las mañanas, pájaros y mariposas acudían a juguetear y deleitarse entre trinitarias, cayenas y margaritas. Un espacio natural que le daba luz y frescor, al tiempo que rompía la aséptica rigidez que caracteriza las estancias en los centros clínicos.

Isabel su esposa, se había asegurado que la habitación reuniera esas condiciones, interpretando la premonición de Fabián que en una ocasión le hizo jurar, que si alguna vez él sufría un accidente y quedaba inconsciente, no permitiera que lo recluyeran en una Unidad de Cuidados Intensivos y se asegurara que el cabecero de su cama estuviera siempre de frente a una ventana, porque cuando despertara, un año después, lo primero que quería ver era el azul del cielo.

Habían transcurrido diez meses desde que la primera parte de su premonición se cumpliera. Estaba supremamente flaco pero su rostro, aunque también había adelgazado, mantenía un esperanzador color de vida, que Isabel atribuía a la luz natural que penetraba por el ventanal.

Sin embargo, aparte del color de su rostro y su respiración marcada por el aparato encima de su cabecera, no había ninguna otra señal de vida. El accidente había causado daños en su cerebro que de acuerdo al criterio de los médicos, lo mantendrían sumido en ese estado de inconsciencia en el que se encontraba.

Imagen: Can Stock Photo

Aunque creyente y con alguna esperanza en que los milagros estuvieran por encima de una sentencia médica, Isabel comenzaba a debilitarse. 

Se preguntaba si valía la pena prolongar y alimentar una esperanza de vida fundamentada en una premonición inspirada en el sueño de un idealista como su marido, o aceptar la contundencia científica de un diagnostico médico, que derrumbaba cualquier posibilidad de que volviera a estar otra vez entre ellos.

Se sentía cansada y avergonzada porque a falta de solo dos meses del plazo en que Fabián había  dicho que despertaría, se sentía sin fuerzas para mantener ese juramento y temía sucumbir a la decisión de desconectarlo. Es más, le mortificaba el profundo alivio que sintió al imaginar ejecutada esa posibilidad.

Todos los días se sentaba al lado de la cama de Fabián y le hablaba sobre la ilusión que tenían ella y sus hijos, de sentirlo nuevamente entre ellos. Nunca le hablaba sobre lo cansada que se sentía ni que en ocasiones había estado a punto de aceptar la conclusión médica y desconectarlo, convencida como estaba, que las personas en estado de coma podían escuchar cuando se les hablaba, pese a que los médicos le habían manifestado en varias oportunidades, que no existía ninguna posibilidad científica de que eso ocurriera.

– Existen estudios que señalan que algunos pacientes tienen cierta percepción emocional que puede hacer que el sonido de las voces actúen como estímulos en su subconsciente y expresen señales que puedan hacer pensar que escuchan, pero eso no se ha comprobado. – Le respondió en una ocasión uno de los médicos, con más intención piadosa que científica.

– ¿Cree usted en los milagros Doctor? Preguntó Isabel.

– Soy médico señora. – Le respondió el galeno.

Pero Isabel no era de medias respuestas y no desistía hasta escuchar la respuesta que ella quería oír, por lo que contra preguntó.

– Pero han ocurrido sanaciones que se pueden calificar cómo milagros ¿cierto?

El médico la miró cansado con la insistencia de la mujer y para dar fin a la conversación respondió.

– Si.

Imagen: Lisete Brodey

Un año después del accidente, tal y como lo había presagiado, Fabián Montero despertó saliendo del coma y viendo, como lo había pedido, el cielo a través de la ventana de su cuarto.

La primera vez en que pudieron sentarse juntos en el jardín de su casa, Isabel le habló de todo lo que había ocurrido durante el tiempo que estuvo inconsciente  hasta que en un momento hizo una pausa en su relato y dijo:

– Pero no sé para que te lo vuelvo a contar, porque tú me escuchabas cuanto te hablaba. ¿Cierto?

Fabián Montero que conocía muy bien a su esposa, sabía que cuando ésta preguntaba afirmando como lo había hecho en esa ocasión, esa era la respuesta que quería escuchar. Así que la miró a los ojos contestando inmediatamente.

– Si.

Y extendiendo su mano hacía ella le preguntó

– Y tu, ¿pensaste alguna vez en desconectarme?

Ella apretó su mano entre las suyas y le respondió.

– No.

********************

 

10 Relatos 10 emociones

Relatos y Emociones

Si deseas disfrutar de los otros relatos, adquiere el libro 10 Relatos 10 Emociones en  www.bubok.es

La adquisición es muy fácil y segura. Basta con entrar a la página http://www.bubok.es , y una vez allí ir al apartado Buscar en bubok y escribir allí el nombre del libro, 10 Relatos 10 Emociones. Se desplegará otra página con la portada del libro. Lleva el cursor hasta allí y da un clic y rellenar los pasos para realizar la compra. Al terminar el proceso recibirá un mensaje de bubok con la dirección electrónica desde donde podrá descargar el libro, da un clic en dicha dirección y el libro se le descargara en formato pdf. Guárdelo en su ordenador o en el dispositivo electrónico que usted disponga.

 

Si eres editor y te interesa mis escritos puedes comunicarte en 10relatos10emociones@gmail.com

2 comentarios en “V- Mentiras

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s